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Relatos de dos ciclo turistas colombianos en las montañas de Europa
Cuando habíamos planeado subir al Passo dello Stelvio, los
pronósticos climatológicos anunciaban que ese día nevaría, así que,
haciendo caso a un dicho popular, decidimos no dejar para mañana lo que
podíamos hacer hoy.

Sobre las 11.45 a.m., en un horario poco
tradicional, emprendimos este viaje de 27.8 kilómetros que nos
conduciría a una de las cumbres míticas en el ciclismo italiano. La
temperatura era agradable, quizás unos 15 grados centígrados, no había
brisa ni mucho tráfico. Todas las condiciones estaban dadas para llevar
a cabo un capítulo más de la aventura.
Los primeros kilómetros son relativamente
suaves, con una inclinación que sólo llega al 8 %. Podría compararse,
en cuanto a paisaje se refiere, al trayecto comprendido entre el Salto
del Tequendama y el punto conocido como El Charquito (Cundinamarca),
desde luego, guardando prudentemente las proporciones. Pero después del
kilómetro siete la cuesta comienza a empinarse y ya se encuentran
rampas que fácilmente llegan al 14%. Es allí cuando debe emplearse
el plato 34 con 23 ó 26 en la rueda de atrás. Al lado izquierdo de la
vía empezamos a ver profundos abismos adornados con pinos que dan un
toque majestuoso al paisaje.

Volviendo con la referencia que hacía de la vía
del Salto del Tequendama, podríamos afirmar que lo que sigue es algo
como la subida al “Charquito“ en cuanto a desnivel de la carretera,
pero con la gran diferencia que éste se mantiene durante más de diez
kilómetros. Las rampas en ocasiones se hacen tan duras que nos obligan a
usar 34-28 para poder pedalear con una cadencia que, en lo posible, no
baje de sesenta por minuto. El pulso se ha subido a 165, pero se
respira bien, el aire es seco, y la motivación que da el paisaje es
nuestro mayor aliciente. Esporádicamente se ven motociclistas con
máquinas de altísimo cilindraje, Harley Davidson, Honda, Yamaha, entre
otras. Pasan por nuestro lado a velocidades extremas y se pierden
en la distancia. De igual forma vemos pasar algunos autos de marcas
BMW, Mercedes, Volkswagen, etc. Y, descendiendo, ciclistas que ya han
coronado la cumbre del Stelvio, y nos dan ánimo. Los últimos cinco
kilómetros son realmente impactantes, tanto por su dureza como por su
paisaje. Una curva termina en una breve recta, que más adelante
morirá en otra curva. En total son 48 curvas en herradura las que
conforman esta subida, y están enumeradas en tableros en orden
descendente, es decir, comenzamos superando la curva 48 y la cuenta se
hace regresiva a medida que se asciende. Esto puede alentar a quien se
encuentra bien pero, igualmente, puede desmoralizar y torturar de
manera inclemente a quien va sufriendo en la cuesta. En nuestro caso,
quisimos tomar las cosas por el lado amable, respirar bien, mantener la
cadencia, hidratarnos, disfrutar del paisaje y vivir con intensidad
estos momentos inolvidables.

Al final, la temperatura baja abruptamente,
comienza a llover, pero nuestra preocupación desaparece cuando
también han desaparecido las amenazantes gotas de agua-nieve. Vemos un
aviso que nos indica que hemos coronado la cima del monte Stelvio, a
más de 2.700 metros de altura sobre el nivel del mar.
Estando allí, en la cima, puedes divisar si no
hay neblina, una auténtica culebrilla de asfalto por donde, “sin darte
cuenta” dejaste la mitad de tus fuerzas. La otra mitad la necesitarás
para el viaje de regreso en un descenso suicida, tiritando de frío, con
curvas en herradura, piso húmedo y llevando entre pecho y espalda la
más inmensa de las satisfacciones: haber superado las 48 curvas del
legendario Passo dello Stelvio, en el norte de Italia.
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