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Unos Pirineos pasados por agua.
Relatos de dos ciclo turistas colombianos, en carreteras de Europa
La historia del Tour de
Francia, nos había mal acostumbrado a ver cada una de sus ediciones
bajo un resplandeciente sol de verano. Bueno, obviamente es así,
porque inicia en la primera semana de julio, y nosotros hemos venido
en octubre, época otoñal, antesala del invierno, hace frío, llueve
frecuentemente y todo se torna gris; el parecido con lo que vagaba en
nuestra memoria, sencillamente ha desaparecido. Pero quizás, no todo
sea malo: “del ahogado el sombrero“. Y eso se traduce, en que hay
muy poco tráfico automotor, las subidas han sido poco concurridas,
los descensos que hemos tenido la oportunidad de hacer han sido
ráudos, pero sin ningún tipo de peligro, pues las carreteras y la
soledad en las mismas nos brindan una alta cuota de garantía, pese a
que la mayoría de las veces ha llovido.
Pero hablemos de Luz Ardiden, el quinto premio
de montaña visitado en nuestro viaje, en carreteras francesas, y el
noveno de la Operación Puertos.
Luz Ardiden, situado en los Pirineos
occidentales franceses, es una subida de 14,7 km que, al igual que el
Tourmalet, tiene su punto de inicio en St. Sauveur. El ascenso
comienza con un tramo de aproximadamente tres kilómetros que no ofrece
mayor complicación en cuanto a desnivel se refiere pues, aunque no es
llano, tiene una inclinación que sólo se aproxima al 5%. De ahí en
adelante la cosa sí es a otro precio. Después de ese corto período de
relajamiento, la cuesta se empina y las curvas comienzan a aparecer
una tras otra, haciendo que la cuenta de éstas se pierda fácilmente. Es
muy sencillo establecer comparaciones más o menos cercanas con las
montañas de nuestro país. Hay muchos tramos en Colombia que podrían
servir de punto de referencia. Y se me vienen a la cabeza nombres como
Santa Helena en Antioquia, San Miguel, Chipaque y “tubos“ en
Cundinamarca, e incluso Minas y La Línea si les quitáramos un poco de
su porcentaje de inclinación. En otras palabras, es una cuesta a lo
colombiano, árboles a la izquierda, montaña a la derecha, curvas en
herradura, rampas sorpresivas que fácilmente llegan al 15% y, si a
todo eso le sumamos un ambiente lluvioso, húmedo y de temperatura de 15
grados centígrados, no sabemos si estamos aquí o allá. La única
diferencia sería si al preguntar ¿cuánto falta para coronar ? te
contestan “je ne sais pas“ o “ummmm, no tengo ni idea !!! “.
Ese es Luz Ardiden, un premio
de montaña que a mi parecer ha sido un tanto subestimado, pero que en
realidad es muy exigente y no da mayores momentos de tregua. Quizás en
el km 7,5 o en el 11, encuentres algo de sosiego, pero sólo te servirá
para sacar tu caramañola o comer algo muy liviano. Al final, si te
toca un día frío, con lluvia y viento, quizás te veas motivado a dar
todo de ti para aligerar el paso, y así poder terminar con ese
sufrimiento de una vez por todas!
Luz Ardiden nos hizo sentir en
casa, su topografía nos fue muy familiar pero, infortunadamente la
neblina no nos permitió disfrutar a plenitud de su paisaje. En otra
oportunidad será...seguramente.

Comentarios Informales
En la subida a Luz Ardiden, se consumieron 500 ml de agua y un sobre
de gel energizante. Se utilizaron relaciones de 34 en el plato, con
piñones 21, 23 y 26, en ocasiones.
Al igual que en
otras carreteras europeas, se hace énfasis en la protección al
ciclista. Los vehículos deben transitar a metro y medio de éste. Y en
la radio local también se hace referencia a la indefensión del
ciclista ante el tráfico automotor.
Y hablando de carreteras en
Europa, los usuarios de éstas tienen varias alternativas para
movilizarse. Una de ellas es a través de grandes autopistas donde el
límite de velocidad es de 130 km por hora. En la mayoría de los casos,
en un sólo sentido hay dos o tres carriles y, obviamente, la misma
cantidad en sentido opuesto. Estas autopistas usualmente son
utilizadas por quienes van a desplazarse a muy largas distancias (como
en nuestro caso). Los peajes se pagan con base en los km que tú hayas
usado la vía. Por regla general, no ves nada que no sea el carril por
donde vas, porque no entran a pequeños pueblos e incluso, a veces
pasan paralelamente a las ciudades. Son vías conformadas por túneles de
altísima tecnología, viaductos, puentes, etc.

Si vas en plan de paseo familiar, con tu
esposa, tu suegra y tu pequeño hijo untado de tetero y con ganas de
hacer chichí, es mejor usar una carretera nacional, así podrás
detenerte en cualquier sitio al margen del camino, satisfacer las
necesidades fisiológicas del pequeño, atender a los tuyos y gozar de
una buena comida en un restaurante del lugar. Son carreteras menos
fastuosas, quizás curvilíneas, pero de gran seguridad para el viajero
en todos los aspectos. Existen otras carreteras de un segundo nivel,
que son las que utilizan los turistas amantes de bellos paisajes, los
ciclistas y todo aquel que quiera tener un encuentro cercano con la
naturaleza, alejado del ruido y la contaminación. En muchas de ellas no
se paga peaje. Sólo se paga en muy pocas que son consideradas
carreteras turísticas privadas.
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