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¡Colombia, un ciclismo maduro! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria - Director   

Hernán Payome Villoria

Director


Nada más significativo en la vida tras el paso de los años que la madurez y la experiencia, aquella que, como dijera Alberto Cortés en una de sus canciones, vale más que pretensiones ilusas.
Pero…

En Colombia, un número importante de ciclistas aún mantiene un alto nivel competitivo y un positivo balance de sus actuaciones, lo cual obviamente demuestra el profesionalismo y la pasión que se siente por esta disciplina deportiva. Es el caso de Félix Cárdenas, actual Campeón del Clásico RCN y Campeón Nacional de Ruta, Libardo Niño, ganador de la Clásica de Cundinamarca, Israel "El Rápido" Ochoa, Hernán Buenahora, Ismael Sarmiento, Uberlino Mesa, José Castelblanco, Víctor Niño, Juan Diego Ramírez, Graciano Fonseca, Néstor Bernal, José Ibañez, Elder Herrera, Jairo Pérez y muchos más que accidentalmente se escapan de nuestra memoria.

Esa madurez y experiencia fueron apoderándose poco a poco y disimuladamente de nuestro deporte, no como un programa previamente diseñado, sino como consecuencia directa de las políticas administrativas que se toman en el país. Si miramos con espejo retrovisor, todo se remonta a mediados de los noventas cuando desaparecieron por completo escuadras profesionales como Postobón y Pony Malta, dos años después de que lo hiciera el equipo Café de Colombia. Hasta esa fecha los equipos contaban con las ramas profesional y aficionado en un proceso que aseguraba el futuro de quienes recién comenzaban. Al desaparecer éstos, sólo los ciclistas con algún grado de experiencia lograron salvarse, mientras muchos de los juveniles o los primeros Sub 23 de la época no tuvieron mayor opción y debieron desertar. Sólo sobrevivieron unos pocos como, por ejemplo, Víctor Hugo Peña, Félix Cárdenas e Iván Parra, quienes marcharon al exterior. La mayoría de quienes quedaron acá naufragaron. Todo esto conllevó un gran bache generacional entre quienes se quedaron y los que hoy aparecen clasificados como ciclistas Sub 23. Los veteranos, gracias a su profesionalismo y experiencia, siguen brillando con luz propia porque aún ven la opción de triunfo y se les paga por intentarlo. Los nuevos, la nueva sangre, aquellos que con tanto anhelo ha esperado la afición, se han ido de uno en uno como caravana india hacia el viejo continente. Muchos de ellos son más conocidos allá que en su propio país; fue el caso de Santiago Botero, y ahora lo es de Mauricio Soler, José Serpa, Mauricio Ardila, Rigoberto Urán, Cayetano Sarmiento, Diego Tamayo y Leonardo Duque, entre otros. El año entrante Fabio Duarte, Carlos Alberto Betancourt y Edward Beltrán se sumarán a esa lista de "exilio voluntario"; quizás lo haga el actual Campeón del Tour de L´Avenir Nairo Quintana, o Darwin Atapuma, o Sergio Luis Henao, o Daniel Jaramillo o cualquiera de aquellos que año tras año van germinando en este país de hamacas y sombreros vueltiaos. Unos se irán porque son buscados con ansiedad y otros más lo harán enviando sus hojas de vida a través de internet con una foto, un currículum y mil ilusiones de sobresalir.

Seguirá siendo un reto para la dirigencia deportiva lograr la consolidación de un equipo nacional donde se mantenga el proceso y se evite la fuga de talentos. Colombia tiene el potencial Sub 23 para hacer grandes cosas pero creemos que debe elegirse desde ya entre ser cabeza de ratón o cola de león. O recuperamos el ciclismo y afición nacionales con las nuevas figuras y el apoyo de los que deben apoyar, o nos resignamos a ver los nuestros intentando ganar fuera y con camisetas extrañas.

Es repetitivo decirlo, pero si no se adopta una verdadera política administrativa en el deporte de Colombia, seguiremos alimentando nuestros espíritus con triunfos esporádicos, y con dirigentes y políticos que cuando éstos se presentan, vacilan al pronunciar el nombre del nuevo Campeón porque es la primera vez que lo oyen nombrar. Pero eso sí… todos quedarán en la foto para la posteridad. ¡Bendito sea mi Dios!