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Se tiene que comenzar por entrenar.
Animados por las extensas y
emocionantes transmisiones ciclístas a finales de los años sesentas y
comienzos de los setentas, en las cuales Carlos Arturo Rueda C. con su
poderosa voz y Julio Arrastía Bricca con sus calificados y acertados
comentarios nos hacían vivir minuto a minuto los acontecimientos de la
Vuelta a Colombia con todos los pormenores de las hazañas o desventuras
de los ídolos de aquella época, nos creíamos “El tigrillo de
Pereira” Rubén Darío Gómez, Roberto “Pajarito” Buitrago, Martín Emilio
“Cochise” Rodríguez o Javier “el ñato” Suárez, cuando con tapas de
gaseosa llenas de plastilina y un número del almanaque pegado en el
centro y cubierto con un pedazo de vidrio, jugábamos a emularlos
empujando con el dedo índice nuestros “caballitos de acero” a lo largo
de un recorrido dibujado con tiza en el pavimento de las solitarias
calles de otrora. Después de terminada la etapa, nos alejábamos del
transistor del abuelo y salíamos a la calle a revivir la carrera y a
hacer “nuestra” Vuelta a Colombia, con metas volantes, premios de
montaña y embalajes finales; para esto no necesitabamos entrenador, ni
alimentador, no había que hacer estiramiento previo o calentar, en todo
momento estábamos listos por dura que fuese la etapa.
Algunos años más tarde vendrían “El león del Tolima” Pedro J. Sánchez, Pablito Hernández, Rafael Antonio Niño, Álvaro Pachón y Miguel Samacá.
Las tapas de gaseosa habían pasado al olvido, ahora utilizábamos para
realizar lo que en ese entonces llamábamos “entrenamiento” bicicletas
de carreras, propias o prestadas, con plato 42 y pacha Regina de cinco
piñones.
Con respecto a la época de las tapas de
gaseosa no habían sucedido grandes cambios: el único “calentamiento
previo” se hacía con un tinto. Nos poníamos cita a temprana hora y
después de un corto saludo salíamos a la estampida; en el terreno plano
de la sabana lográbamos a duras penas mantenernos juntos durante algún
tiempo, a más tardar cuando la carretera se empinaba; la consigna era:”sálvese quien pueda”, y volvíamos a vernos en el alto!
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Llegados los
ochentas seguíamos madrugando, esta vez para escuchar las transmisiones
que nos narraban las aventuras de los “escarabajos” en las grandes
vueltas por las carreteras del viejo mundo. Se escuchaban nombres como
los de Patrocinio Jiménez, “Condorito” Corredor, Alfonso Flórez,
“lucho” Herrera o Fabio Parra, corredores amateur que se enfrentaban de
tú a tú con los profesionales europeos convirtiendo todo en un
verdadero “boom” del ciclismo en nuestro país. Y acostumbrados a salir a
la estampida y al “sálvese quien pueda” cuando llegaba la
montaña, fueron capaces de sorprender al táctico europeo y derrotarlo
parcialmente en su casa. La euforia y los triunfos de mediados de los
años ochentas, ya se han ido opacando poco a poco, hasta convertirse
actualmente en éxitos esporádicos, incluídas las actuaciones en equipos
extranjeros.
Con los desarrollos
tecnológicos, ahora no sólo escuchamos las trasmisiones radiales sino
que también podemos ver las carreras por televisión y consultar los
resultados casi inmediatamente en Internet. El plato pequeño ya es 39 o
34 (compact), la pacha es de 10 u 11 piñones, el marco slooping en
fibra de carbono, los cambios Ergo-Power y el entrenamiento, el
entrenamiento? Igual! En eso no hemos cambiado mucho, seguimos subiendo a
Patios, al nueve de la Mesa, a Santandercito, a Santa Helena, o a
cualquier otra parte “al soco”, en 39-21 y con las venas a punto de estallar.
Tanto ahora como hace cuarenta
años los ciclistas aficionados y aficionados al ciclismo, estamos bien
enterados de lo que sucede por las carreteras del mundo en las
competencias que nos llaman la atención, no sólo la Vuelta a Colombia y
el Clásico RCN, sino también las tres grandes vueltas de Europa, las
clásicas de primavera y quiénes son sus protagonistas. También estamos
al tanto de los nuevos productos en el mercado. Ya muchos de nosotros
hemos comprado un pulsómetro para entrenar, algunos no lo utilizan por
no saber cómo se trabaja con él, otros porque la alarma de rangos les
molesta y muchos hablan de ir al “gym” a hacer “aeróbicos” que, como su
nombre lo indica, es el rango en el cual el músculo precisa del
oxígeno para obtener la energía necesaria para moverse, sin embargo los
encontramos en el gimnasio o en las carreteras ya sin aire y a punto
de infartar. En otras palabras, en muchas ocasiones los llamados
“aeróbicos”, de aeróbicos no tienen nada!
Ya es hora de que vayamos
haciendo uso de los avances de la medicina deportiva que, entre otras
cosas, no son nuevos. A comienzos de los setentas, nuestro profesor de
educación física en el colegio Camilo Torres, intentaba en vano
hacernos entender la importancia que tenía el test de Cooper para
evaluar la condición física de una persona; la teoría no nos interesaba,
nosotros sólo queríamos correr. Qué equivocados estábamos!
Nunca es tarde para aprender,
ni mucho menos para hacer las cosas bien. Ya son muchos los volúmenes
que se han escrito sobre métodos de entrenamiento en casi todas las
disciplinas deportivas. Todos ellos concuerdan en una cosa: para lograr
buenos resultados es preciso realizar una preparación básica y
metódica. Comencemos entonces por entrenar y que no se nos olvide algo
muy importante: respirar!
Tinto = café oscuro
Al soco = a toda velocidad
Gym = gimnasio, fitness center |