|
Está comprobado
estadísticamente que lo primero que hace una madre al enterarse de que
su hijo va a ser ciclista, es echarse la bendición (incluso si es
atea). Y la verdad, no es para menos. El ciclismo está catalogado como
una de las actividades deportivas de más alta accidentalidad, de
repercusiones a veces insignificantes pero, infortunadamente, en
ocasiones de índole fatal.
Universalmente y a través de la historia, son
innumerables los casos de accidentes sufridos por ciclistas en plena
competencia o entrenamiento. Algunos, dada su gravedad o de acuerdo a
la popularidad del afectado, logran conocerse públicamente. Otros, sólo
son conocidos por los más directos relacionados de la víctima y, con
seguridad, habrá muchos más de los que nadie se enteró porque no hubo
testigos. Y todo esto, reseñando sólo la parte deportiva, sin entrar a
considerar los accidentes de tránsito en los que se ven involucrados
ciclistas, pues eso ya es otro capítulo, quizás más extenso pues, en
países como Colombia, carentes de una normatividad que conduzca al
respeto por el individuo que va montado sobre una bicicleta, es muy
difícil no solamente competir, sino entrenar. Queda claro que el
ciclismo, particularmente de ruta, no puede entrenarse en la sala de la
casa, ni en el parque del barrio; hay que ir a las carreteras. Pero, no
es un secreto, nuestro país carece de vías alternas en buenas
condiciones para la práctica de esta actividad, entonces debe acudirse a
las vías principales, y en éstas no hay franjas de ciclo ruta que
protejan al ciclista y, si las hubiere, nadie las respetaría, entonces
es allí cuando el ciclista decide entrenar “a la de Dios”; “que sea lo
que Dios quiera”.
Pero, repito, esto es capítulo
aparte. Solamente con los accidentes en competencia habría material
suficiente para escribir toda una Biblia.
Quiérase
aceptar o no, quien toma la determinación de volverse ciclista lo hace
con tal afición, pasión y determinación que, aún siendo sabedor de lo
que le puede esperar en su camino, hace caso omiso a cuanto pueda
advertírsele y, simplemente, se adopta como frase defensiva o
justificadora aquella que afirma que esos son los gajes del oficio.
Y “los gajes del oficio” han permitido demostrar que quienes sufren
caídas en las carreras de ciclismo no son siempre los juveniles o
inexpertos como podría creerse. El peligro está ahí, presente, a todo
momento y ante todos, incluso ante los más expertos. Sólo bastará un
bache en el camino, una frenada en seco, un roce de ruedas, un piso
mojado, una curva cerrada o el más mínimo descuido para
que...purrundún…queden mil ilusiones por el suelo. Y esas ilusiones no
siempre quedan en el pavimento; tristemente, hay que decirlo, a veces
quedan en una ambulancia, en una UCI (Unidad de Cuidados Intensivos),
en una silla de ruedas o en un parque cementerio. Y, con toda
seguridad, esto convierte en LOABLE, la práctica de un deporte que
además, suma numerosos factores dentro de los cuales pueden mencionarse
los extensos kilometrajes, los cambios de las condiciones climáticas,
la topografía, el esfuerzo, el dolor y, muchas veces, la derrota y la
incomprensión del patrocinador, del aficionado o del periodista. |
|
Con base en lo anterior resultan objeto de
premiación o exaltación, frases tan humildes y transparentes como la
de José “Chepe” González en España quien, en una charla informal,
declaraba: “increíble que no sólo nos dejen participar en las carreras, sino que además nos paguen”. Pero
lo increíble no es eso; lo real e imperdonablemente increíble es que
aún existan en nuestra querida patria de los dos mares y las tres
cordilleras, ciclistas corriendo por La Virgen del Carmen, o por el
uniforme, o por un par de “tubos”. Lo increíble seguirá siendo que un
ciclista invierta un dinero que no tiene, en una preparación que se lo
exige, para ir en busca de un premio que jamás compensa. Se dirá que
casi siempre se compite con el apoyo de un patrocinador; es posible, se
compite! Pero no se entrena; en el 90% de los casos los costos de
preparación y entrenamiento van por cuenta del deportista. Eso sin
contar con la parte médica porque, deportista que no vaya de la mano de
una auténtica y científica asesoría médica tiende a desaparecer. Así
las cosas, ser ciclista en Colombia, es peor que tener una cuenta de
ahorros en nuestro caníbal sistema bancario: ahorrar doscientos mil
pesitos y consultar el saldo para comprobar que sólo quedan ciento
setenta mil. Es algo muy similar.
Por todo lo anterior, Revista Sólo Ciclismo.com quiere hacer
énfasis en lo difícil que es ser ciclista de competencia en nuestro
país, aunque a nivel internacional gocemos de la mejor de las imágenes.
Pero lo cierto es, que por dentro las cosas son a otro precio, y nadie
parece querer entender que el semillero existente en este momento es
de proporciones inimaginables, como inimaginable resulta ser la
deserción y el abandono por la desmotivación y la falta de un verdadero
apoyo. Y no solamente en el ciclismo, sino en todas las modalidades
deportivas.
Y si a todos los obstáculos que se le presentan
al deportista en su búsqueda incesante del éxito, le añadimos el
infortunio de los accidentes, pues se torna más oscuro el panorama.
 |
Es
demasiado extensa la lista de caídas que se suman a la historia de
este deporte para terminar haciendo parte inseparable del mismo. Por
su difusión hay unas que han quedado mejor guardadas en la memoria;
algunas tan sólo se toman como anécdota, pero otras han sido de tan
lamentables consecuencias que quisieran olvidarse. |
El 18 de julio de 1995,
durante la décima quinta etapa del Tour de Francia, Fabio Casartelli,
ciclista italiano del equipo Motorola, sufrió un accidente durante el
descenso del Col de Portet d'Aspet, en los Pirneos. Casartelli sufrió
graves lesiones de cráneo y cara y perdió la conciencia. Durante su
traslado en helicóptero al hospital, Casartelli perdió la respiración y
falleció tras varios intentos de reanimación.
“El 30 de abril de 1984, el ciclista portugués Joaquim Agostinho,
sufrió una fuerte caída cuando un perro se cruzó en su camino en el
transcurso de la quinta etapa de La Vuelta a Algarve en España. “Tiño”
se golpeó fuertemente la cabeza y medio inconsciente logró terminar la
jornada con la ayuda de sus compañeros. Una bolsa de hielo en la cabeza
fue la única cura que le prodigaron hasta que, horas más tarde, Joaquim
comenzó a quejarse de fuertes dolores en el parietal y a sangrar
abundantemente por la nariz, al tiempo que su cabeza se cubría con un
hematoma violáceo. Trasladado de urgencia al hospital de Faro, los
doctores que allí le atendieron apreciaron pronto la gravedad de su
lesión y decidieron enviarle urgentemente al centro Cuf de Lisboa. Fue
un traslado criminal, de más de trescientos kilómetros en ambulancia,
con “Tiño” ya prácticamente en coma”.
En la sexta etapa de La Vuelta a Colombia de
2004, entre Santa Rosa de Cabal y Jericó, Juan Antonio Barrero Moreno,
de 31 años de edad, cayó en una curva mojada y se estrelló contra una
roca, en momentos en que el grupo descendía a ochenta kilómetros por
hora. Juanito, como se le conocía, murió media hora después en la
ambulancia que lo transportaba a Pereira.
En 1994, en la región de Tres Puertas,
departamento de Caldas (cerca a La Pintada), murieron cuando
entrenaban, los ciclistas Néstor Mora, Hernán Patiño y Augusto Triana,
al ser golpeados por una tractomula que perdió el control. En el lugar
del accidente se puso una bicicleta con sus nombres como homenaje
póstumo, pero pocos días después fue robada.
El español Joseba Beloki (Once-Eroski) sufrió
una fortísima caída en el Tour de Francia 2003, al perder el control de
su bicicleta en el rápido descenso de La Rochette en la novena etapa.
Los médicos le diagnosticaron fractura de fémur, codo y muñeca
derechos. Beloki se recuperó posteriormente, pero su carrera deportiva
se vino a menos, pese a haber sido tres veces podio en el Tour (una
vez segundo y dos veces tercero).
En el Clásico RCN de 2009, al cumplirse la
etapa entre Tunja y Bogotá, se produjo una violenta caída en momentos
en que el lote descendía a cerca de setenta kilómetros por hora.
Aunque no hubo consecuencias graves que lamentar, el accidente
produjo heridas y fuertes contusiones en los afectados, y el retiro de
una docena de ellos.
Millares de ejemplos podrán inundar los
diferentes medios escritos, relatando y reseñando los accidentes
sucedidos en las competencias ciclísticas de todo el mundo, pero jamás
se logrará poner fin a tan difícil tarea porque, a cada segundo,
alguien estará estrellando su humanidad contra el piso, haciendo
apología a uno de los deportes más apasionantes y sacrificados del
universo: el Ciclismo. |