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Arriba estaba lloviendo. El aire de la cañada traía olor a tierra mojada. Carlitos - sacándole el cuerpo a la nube negra - prefirió dar media vuelta y emprender el regreso a Buga con sus 40 compañeros del lote ciclístico: un grupo respetable de veteranos que acostumbran montar en bicicleta desde muy temprano por las carreteras del Valle del Cauca.
De pronto, Carlitos -" el interminable "- perdió el equilibrio y se fue contra la cerca consumiendo su última tanda de pedalazos hacia el más allá. A la vera del camino quedó atrapado por el alambre de púas de sus 74 años. El trallazo en el corazón fue fulminante. Esa fue la última carrera del "Monarca" Carlos Montoya quien - para qué negarlo - se encontraba al borde de la pobreza absoluta, luchando por sobrevivir en las "zonas de alimentación" más precarias día a día. Cada amanecer era un terrorífico premio de montaña para "La Bruja" invocando al "Milagroso" con el propósito de salir adelante. Murió sin un centavo ante la indiferente mirada de las autoridades locales. Carlitos - acompañado de Luis A. Reateguí - supo defender con gallardía los colores del Valle en la alta montaña, terreno nada propicio para los ciclistas de aquella región. Un rostro tan alargado como su permanencia en las Vueltas a Colombia. Las primeras lluvias de abril lo vieron marcharse para siempre y hoy queda con nosotros el recuerdo del campeón de un Clásico RCN (1967) y baluarte indiscutible del ciclismo nacional con 12 etapas ganadas en el máximo giro. Otro valiente rutero - nacido en Filandia Quindío - a quien despedimos bajo estos nubarrones que no paran de llorar.
La muerte no tiene día de descanso, no se da reposo en las distintas etapas de la vida donde todos hacemos nuestra propia carrera evitando la cacería de esa fatal depredadora que viene a la rueda.
La muerte devora a diestra y siniestra sin respetar camiseta - Águila Roja o Canada Dry- y a cada instante gana el embalaje.
Me tocó ver correr a Carlos Montoya cuando él estaba en la plenitud de sus facultades y todos creíamos que la vida era una caravana feliz e interminable como las Vueltas a Colombia. Entonces la muerte estaba lejos del gran lote de ciclistas encabezado por Rubén Darío Gómez, Plinio Casas, Alfonso Flórez, Miguel Sanabria, Néstor Mora, entre otros. Estrellas que cruzaron raudamente por el cielo, como esta última que acaba de apagarse. Para "La Bruja"" Carlitos Montoya llegó un momento en que la vida y la muerte comenzaron a ganarle en todos los repechos y a sentir que una y otra lo abatían y lo dejaban con los tubulares desinflados - en mitad de la vía - entre el anónimo y carcomido marco de su bicicleta.  Montoya se ha ido discretamente, sin la multitud de admiradores y fanáticos que lo rodearon en la plenitud de su carrera deportiva. Fue el último pedalazo, el irreversible, el que enmudece a los locutores, el que en realidad avanza y cruza la línea de sentencia rompiendo el muro de los cementerios y se hunde en la oscuridad.
Duerme tranquilo Carlos Montoya. Mereces dormir así, tranquilo, porque diste mucha guerra en el lote por los colores que te tocó defender.
Que el Señor le señale un sitio en el podio, junto a San Pedro, quien tantas veces lo vio pasar cerca de sus barbas cuando alcanzaba los picos de las más altas cumbres. Amén.
A la vanguardia del lote
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