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"El Zipa" Forero y la Historia de La Vuelta a Colombia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria   


Sus ojos adquieren un brillo especial cuando sabe que vamos a hablar de ciclismo. Mientras juega con su nieto “monocuco”, da rienda suelta a su inigualable memoria para contarnos su vida deportiva como si hubiese ocurrido ayer por la tarde.


“La gente me conoce –dice- como el ganador de la primera Vuelta a Colombia en bicicleta, pero casi siempre olvida que le di a nuestro país la primera medalla de oro en los Juegos Centroamericanos de Guatemala.

Nació un cuatro de marzo en 1930 en Zipaquirá y desde niño se ocupó en mil actividades; trabajó en fundición, herrería, imprenta, carpintería, en un café en Sogamoso a los diez años, fue mensajero, hizo un curso de aviación por correspondencia y en su adolescencia comenzó a trabajar en la Planta de Soda de su ciudad natal. Recuerda cómo sus primeras carreras las afrontó con uniforme de futbolista pues no pudo conseguir el de ciclista. Ante la burla de los demás competidores, sólo encontró una única forma de cobrar venganza: ganándoles! Eran aquellos domingos en los que se disputaba la “doble a Chía”, que comenzaba y terminaba en el Museo Nacional. Y fue allí donde conoció a Guillermo Pignalosa, un descendiente italiano, a quien frecuentemente le llegaban revistas del Giro de Italia y del Tour de Francia. “Oiga don Guillermo, esto está muy bueno; deberíamos hacer una Vuelta a Colombia”.

Sus palabras fueron recibidas con mucho escepticismo por parte de Jaime Gómez, campeón nacional de la época. Sin embargo, “el Zipa” insistió: “y por qué no puede hacerse? imagino que en Francia también comenzaron desde ceros, sin carreteras, y mire cuántas vueltas llevan ya”. Y la verdad, no fue fácil convencerlos; pasarían muchos meses antes de ser escuchado.                                                                                                

Al cabo de casi un año, fue Jorge Enrique Buitrago, cronista de El Tiempo cuyo pseudónimo era Mirón, quien ofreció patrocinio con el diario siempre y cuando Efraín y sus amigos se encargaran de organizar la carrera.

Para ese entonces ya existía la Asociación de Ciclismo cuyo secretario, Donald Raskin, era un inglés residente en Colombia desde los doce años. En él fue donde más eco tuvo la idea de Forero Triviño. Así que Guillermo Pignalosa, presidente de la Liga de Ciclismo de Cundinamarca, y el inglés Raskin, hablaron con los directores de El Tiempo, haciendo realidad lo que en un principio fue tomado simplemente como una locura. A ellos se les unió Alfonso Peña.

El recorrido propuesto constaba de diez etapas: Bogotá-Honda, Honda-Fresno, Fresno-Manizales, Manizales-Cartago, Cartago-Cali, Cali-Sevilla, Sevilla-Armenia, Armenia-Ibagué, Ibagué-Girardot y Girardot-Bogotá, pasando por Tocaima y subiendo por el Salto del Tequendama, para terminar frente a la Escuela General Santander. Pero existían dudas sobre la viabilidad de hacer la etapa Fresno- Manizales por las desfavorables condiciones de la carretera. Así que ni cortos ni perezosos quisieron salir de la duda. A finales de octubre de 1.950, emprendieron una verdadera odisea Raskin, Mario “remolacho” Martínez y Forero, en el trayecto que desde Bogotá conduce a la capital de Caldas. Los dos primeros lo hicieron a bordo de una volqueta prestada por el jefe del Distrito de Obras de Mariquita; el tercero de ellos, “el Zipa”, en su propia bicicleta, desafiando el clima, el agotamiento físico y, obviamente, una carretera destapada y con puentes construidos sobre árboles caídos, pisados con tierra. A las 5.30 de la tarde de un día domingo, habían llegado a la conclusión de que sí era factible hacer la Vuelta a Colombia en bicicleta.

Un año atrás, Efraín Forero había ganado para sí y para su país la primera medalla de oro en la prueba de los 4.000 metros persecución en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Guatemala. Un año después refrendaría su actuación ganando en la prueba de ruta la presea dorada en los Juegos Bolivarianos, en Caracas, Venezuela. En 1.953 se sumó al sexteto que representó a Colombia en la Route de France. En 1.954 en los Juegos Centroamericanos de Méjico, los colombianos ganarían en forma individual y colectiva la prueba de ruta. Forero ganaría posteriormente en Brasil la Vuelta a Río de Janeiro y el Campeonato Americano.                    

Pero, indiscutiblemente, Efraín Forero Triviño siempre será recordado como el fundador y ganador de la primera Vuelta a Colombia en bicicleta, aquella que partió un 5 de enero de 1.951 desde las instalaciones del diario El Tiempo, en la carrera séptima con Avenida Jiménez, en Bogotá.

Forero ganó la primera etapa que terminó en Honda. Repitió en la segunda, Honda-Fresno. En la etapa Fresno-Manizales su nombre volvió a figurar como el ganador de la fracción. En la cuarta etapa entre Manizales y Cartago llovió todo el día, el “zipa” pinchó una de sus ruedas y no pudo disputar el final. En el trayecto a Cali sufrió una caída y perdió una nueva etapa. Volvió a ganar en Cali-Sevilla; repitió llegando a Armenia. En la etapa Armenia-Ibagué atacó en “cansa perros” y dejó a sus rivales “sembrados”; pinchó bajando La Línea, y llegó con la rueda desinflada a Ibagué, pero en primer lugar. Hacia Girardot tuvo muchos inconvenientes mecánicos, llegando en un lote secundario. La última etapa, Girardot-Bogotá, le sirvió para cerrar con broche de oro su actuación en La Vuelta, ganando con dieciocho minutos de ventaja en la Escuela General Santander, relegando a un segundo lugar en la clasificación general a Roberto Cano Ramírez a dos horas y media y, al tercero, Pedro Nel Gil, a más de tres horas. Ésta sería la primera de las diez Vueltas a Colombia que corrió Efraín “el zipa” Forero, de las cuales terminó nueve.                                                                                       

Dentro de sus logros más recordados, está el de haber llevado el primer equipo femenino a correr en el Tour de Francia en 1.986; fueron siete batalladoras mujeres, de las cuales seis lograron terminar la ronda gala.

El día comienza a oscurecer en una tarde de domingo en Bogotá. Su casa, al occidente, en el barrio Fontibón, es simplemente el producto de su trabajo como mecánico automotor porque, dice, “el ciclismo sólo me dejó los viajes, los recuerdos, trofeos y agasajos, pero de plata nada. En Zipaquirá, cuando gané La Vuelta, me prometieron casa, carro y beca, pero finalmente nunca me dieron nada”.

Vive de manera digna, gracias a la pensión conseguida después de la sumatoria de años como empleado en la planta de soda de Zipaquirá, en las ligas departamentales donde fue técnico y en su trabajo en el Ministerio de Obras Públicas.

“Yo conocí al doctor Luis Carlos Galán cuando asistí al final de una Vuelta a Colombia como espectador. Allí él me prometió que si ganaba la Presidencia, iba a establecer una Pensión Vitalicia para los deportistas que habían conseguido logros para el país”. Esa promesa murió el dieciocho de agosto de 1.989. Posteriormente el gobierno de Ernesto Samper reglamentó la Pensión, pero solamente para medallistas en Campeonatos Mundiales o en Juegos Olímpicos. No era el caso de Efraín Forero.

Efraín tiene seis hijos, tres de su primer matrimonio y tres de su segundo hogar. Su vida gira entorno al cariño de sus cinco nietos. A pesar de que fue intervenido quirúrgicamente hace seis años para implantar un Bypass en su corazón, actualmente entrena cuarenta y cinco kilómetros diariamente, casi siempre hacia el alto de Mondoñedo.

Cuando se le pide describir con una sola frase a algunos de los personajes del ciclismo, responde:

Hernán Medina: “un excelente escalador; todo un señor”.

Ramón Hoyos:>i> “muy dudoso”

Cochise: “hubiera ganado diez Vueltas, pero sus compañeros fueron sus rivales”

José Beyaert (qepd): “gran batallador, pero ganó la Vuelta del 52 gracias a mi accidente bajando hacia La Pintada”.

Julio Arrastía (q.e.p.d.): “uy, ese hombre era muy avispao”.

Rafael Antonio Niño: “fue una figura excepcional; tenía seis litros de capacidad torácica”.

Reconoce que entre sus mejores amigos del mundo del ciclismo están Álvaro y Juan Pachón (hijo), Hernando León y Bernardo Bernal.

Mientras nos muestra, sin ocultar su nostalgia, los cientos de fotografías acumuladas en álbumes de sus hazañas, nos da su opinión sobre cómo ve el ciclismo colombiano en la actualidad. “El ciclismo está un poco caído; cuando me invitaron al lanzamiento del equipo Colombia es Pasión hace algunos años, supe que habría un capital importante aportado por Coldeportes, la Industria y el Comercio… para conformar un grupo importante de ciclistas con el fin de cumplir todos los compromisos, ir a diferentes pruebas, a nivel latinoamericano y europeo…soy consciente de que hay gente que anda muy bien pero, la verdad, no se ha visto que se haya cumplido en toda su dimensión con el plan que se trazó.

Por otra parte, lo que siempre he visto y dicho, es que a Colombia le hace falta un entrenador. Es que aquí se sigue creyendo que para ser el mejor entrenador hay que empastillar a la gente, y eso no es así.

Concluyendo esta charla informal con el “indomable Zipa”, manifiesta orgulloso que “a pesar de haber sufrido una patología cardíaca, sigo entrenando, y en los ascensos mantengo una respiración normal y un pulso que no supera los ciento diez latidos cardíacos y me despierto con un pulso basal de cincuenta; claro que cuando era joven me despertaba con menos de cuarenta”.

Al despedirnos, nos estrecha con fortaleza su mano derecha, y nos sonríe con un gesto amable y bonachón.