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Rigoberto, un podio más que merecido PDF Imprimir E-mail





En Foto finish supera Rigoberto Urán a Warren Barguil. 






Por Diego Murcia C.

Pasan y pasan los días, pero cada vez es más difícil olvidar aquella etapa nueve del Tour de Francia de 2017, entre Nantua y Chambéry, sobre 181,5 km.


Rigoberto, un podio más que merecido


Al de Urrao sólo se le vio seguro de llegar al podio de París hasta que terminó la crono de Marsella, ese sábado por la tarde. Como lo ha dicho en varias oportunidades, no le gusta hablar de más, prefiere que sus piernas digan lo que tienen que decir. Y ese sábado gritaron, pero no de dolor, lanzaron alaridos de alegría y satisfacción, le dieron a Rigoberto lo suficiente para batir sobradamente a Romain Bardet, el francés del AG2R y no perder mucho tiempo frente Chris Froome, el británico del Sky. Fue una contrarreloj muy buena, se podría decir que la mejor de los últimos años, revisando sus registros recientes en el ejercicio individual. De no haber sido por esa curva que se le fue larga, cerca de la entrada al velódromo, habría estado a sólo unos 15 o 20 segundos por detrás de Froome.

Su Tour arrancó con un desempeño en la primera contrarreloj que no auguraba lo mejor. Quedó situado a 53 segundos de Froome, campeón defensor y gran favorito al título. En la etapa cinco, la primera con llegada en alto, de tres pactadas, aguantó con el grupo de favoritos a disputar la clasificación general y mantuvo, segundos más segundos menos, la diferencia con éstos.

En la accidentada etapa nueve, disputada el domingo antes del primer día de descanso, la fortuna estuvo parcialmente de su lado: en la aparatosa caída que sufrió Richie Porte en el descenso del Mont du Chat, este no se lo llevó al suelo, como sí le pasó al irlandés Dan Martin, pero el tensor de su bicicleta alcanzó a ser golpeado, lo que lo dejó inutilizable. Al final del descenso, solicitó el auxilio mecánico neutral y se la jugó por dejar el piñón más pequeño: en los repechos tendría que poner el plato pequeño y subir un poco atrancado, y en la meta, tendría que sortear el embalaje con la relación más dura. El grupo de persecución en el que iba, compuesto por Aru, Froome y Fuglsang logró capturar a Barguil y luego a Bardet. El reducido grupo de corredores disputó la etapa al embalaje, pasaron por delante Urán y Barguil ‘casi’ al mismo tiempo. El corredor francés, creyéndose ganador, alzó el brazo derecho en meta, fue dirigido por la producción televisiva a la zona de entrevistas y se dispuso a dar las declaraciones que corresponden al ganador de etapa. Sin embargo, unos minutos después, con la revisión del fotofinish, el ‘casi’ se resolvió y los jueces de carrera dieron la victoria indiscutible a Rigoberto.

Sí, así fue su primer triunfo de etapa en un Tour: aguantó los tres premios de montaña fuera de categoría con los mejores, logró evitar irse al suelo en el descenso y se arriesgó a terminar y disputar la etapa con sólo dos relaciones. De ahí en adelante, cualquier logro sería ganancia, las expectativas que se habían generado desde su equipo y en la prensa estaban cumplidas. En la etapa catorce, la segunda con meta en alto, junto con Bardet y Aru logró sacar una veintena de segundos a Froome. En la etapa dieciocho, Aru perdió un tiempo importante en meta y se distanció en la general. Antes de afrontar la etapa veinte, la contrarreloj individual en Marsella, el podio estaba prácticamente decantado con Froome vestido de amarillo, Bardet a 23 y Urán a 29 segundos. Consciente de sus capacidades y de las condiciones en que llegaban él y sus rivales, y fiel a su estilo con la prensa no quiso generar falsas ilusiones; haciendo uso de su sentido del humor dio respuestas sarcásticas que le permitieron disipar la presión que se pretendía ejercer sobre el único, que en el papel, podría destronar al nacido en Kenia. Haciéndole el quite a las expectativas y a la presión que conllevan, logró su mejor desempeño contra el reloj en los últimos tres años, asegurando su lugar en el segundo cajón del podio al día siguiente en los Campos Elíseos. 

En definitiva: arrancó con un prólogo flojo, triunfó dramáticamente en la novena jornada, aguantó el resto de etapas de montaña con los máximos rivales y, el penúltimo día, trepó al segundo cajón del podio haciendo su mejor crono en los últimos tres años. Mayor mérito no pudo haber en la que es, sin duda, la mayor gesta de su carrera, una con la que la mayoría de los del pelotón sólo se atreven a soñar.