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Un Giro Inolvidable PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rafael Mendoza. Periodista de Acord Bogotá   


Iván Basso logró en el Giro de Italia 2.010 una hazaña memorable al volver de dos años en las sombras a la gloria de los grandes héroes deportivos, pero la carrera, que se inició en Amsterdam  y concluyó en el coliseo romano de Verona, le robó el protagonismo por la lucha despiadada que se libró en todos los terrenos, por los numerosos cambios en el liderato, por la dureza de un recorrido extenuante con cimas míticas y etapas larguísimas y por el heroísmo de unos pedalistas que son capaces de superar los terribles golpes de una naturaleza hostil.


El retiro de 59 de los corredores que iniciaron la competencia es buena prueba de los estragos que causaron el mal tiempo, el elevado ritmo impuesto y las continuas escaramuzas de todos los días. Más que una prueba de gran aliento parecía que en cada una de las etapas se estuviera corriendo una clásica de un día.

En los tramos iniciales fueron los rodadores los que llevaron el lote desbocado mientras que en la montaña las ansias de los favoritos por vestirse la camiseta rosada garantizaron el espectáculo que vivieron emocionados varios millones de aficionados de toda Europa. A pesar de que el fútbol tiene una importancia enorme en Italia siguen llevando el ciclismo en el corazón y salen en masa a vivir las emociones del más épico de los deportes.


Los cambios en el liderato así mismo le subieron la temperatura a la carrera. El inglés Bradley Wiggins, el australiano Cadel Evans y el cazajistano Alexander Vinokourov se turnaron el rosa los tres primeros días; Vincenzo Nibali guapeó para mantener la camiseta tres días y Vinokourov la vistió luego en cuatro jornadas; el austriaco Richie Porte subió al máximo podio en tres ocasiones y el español David Arroyo viviría sus más hermosos momentos como profesional al echar los restos como el mejor en cinco etapas antes de entregarle la malla rosa en forma definitiva a Iván Basso.

Luchada victoria

Basso tuvo que echar mano de toda su clase para volver a los primeros planos del ciclismo mundial luego de pagar dos años de sanción al ser vinculado a la Operación Puerto en España. El ciclista italiano debió batallar sin tregua en una carrera espectacular, que ha sido considerada por los especialistas europeos como la más emocionante de los últimos años, pues sus organizadores volvieron a la dureza de las décadas finales del siglo pasado con un recorrido exigente de 3.469 kilómetros que en su última semana estaba plagado de ascensos.

No la tuvo nada fácil el líder del equipo Liquigas pues debió reponerse de la pérdida de tiempo en la séptima etapa, en la que cedió 1.51 con sus principales rivales y luego batallar día a día para superar un descuido de la mayoría de los favoritos, en la undécima jornada, cuando se partió el lote y 56 corredores tomaron una amplísima ventaja que en la meta fue de casi 13 minutos al grupo que disputó la victoria, lo que le permitió unos días después al español David Arroyo enfundarse la camiseta rosada. .Arroyo, que le arrebató a Vinokourov la malla rosa en la etapa 14, batalló hasta el límite de sus fuerzas con la ilusión de ganar por primera vez una gran carrera pero pudo más el empuje, la fortaleza y la inteligencia de Basso que al día siguiente inició su gran remontada en el ascenso a Zoncolán, considerado el más difícil del Giro y quizás de Europa, en el que le recortó 3.54. Al día siguiente en la cronómetro de ascenso ganada por Stefano Garzelli siguió arañándole tiempo y escalando en la general hasta el segundo lugar, a 2.27 del español. Aún mantenían posibilidades de victoria final Evans, Sastre, Nibali, Vinokourov y Scarponi
Se necesitó una etapa infernal, la 19, para que Basso liquidara a todos sus rivales con un trabajo perfecto de su equipo que lo llevó hasta el temido Mortirolo para que allí atacara para descolgar a Arroyo con la colaboración de su compañero Vincenzo Nibali y de Michele  Scarponi. El español, que pasó la cima a más de dos minutos, realizó un descenso emocionante, en el que lo arriesgó todo por una carretera mojada, y en el que descontó más de un minuto pero no logró dar alcance y en la subida final nada pudo hacer batallando solitario al frente de un grupo en el que estaban los grandes derrotados que no tenían fuerzas ni ánimo para echarle una mano. El más emotivo de los Giros de los últimos años estaba sentenciado. Arroyo quedaría feliz con el segundo lugar y tras él  clasificarían Nibali, Scarponi y Evans, Basso ha anunciado que irá al Tour de Francia con la ilusión de vestirse de amarillo en los Campos Elíseos. Si lo consiguiera entraría en la gran historia del ciclismo pues solamente un superhombre podría lograrlo un mes después de la paliza que debió meterse para ganar este Giro de miedo.

Balance colombiano

Aunque en esta ocasión no se ganó ninguna etapa ni se brilló en la montaña –nuestros corredores nos tenían acostumbrados a no pasar en blanco en la segunda prueba por etapas del mundo- solamente terminar esta carrera loca es un logro y un motivo de orgullo. El puesto 15 en la general final de Mauricio Ardila es bueno y así mismo hay que destacar la magnífica actuación de Rigoberto Urán en la etapa contra reloj en ascenso en la que consiguió el séptimo puesto, por delante de figuras europeas como Vinokourov, Arroyo, Cúnego  y Sastre. El Giro fue un bautismo de fuego para este joven corredor, nacido hace 23 años en el municipio antioqueño  de Urrao que ya ha logrado importantes logros en Europa y que es una de las grandes esperanzas del ciclismo colombiano para un futuro cercano.

José Serpa, Cayetano Sarmiento y Leonardo Duque cumplieron su labor de gregarios en cada una de sus escuadras y así mismo se mostraron en escapadas en las que buscaron una victoria parcial que no se les dio. Sarmiento, ganador el año pasado del BioGiro, será así mismo figura en el ciclismo profesional.