Del Potenciómetro y otros demonios Imprimir

                                            

Por: Hernán Payome Villoria.


Del potenciómetro y otros demonios

La presencia contemporánea de Christopher Froome siempre ha incomodado al aficionado colombiano. Y no han sido pocas las críticas que ha recibido el ciclista keniano del conjunto SKY por lo que para muchos resulta poco creíble: ser triple campeón del Tour en las ediciones en las que el colombiano fue segundo y/o tercero. Entonces todo incomoda de él, hasta su estilo de pedaleo que, sin ser el más ortodoxo, tampoco es el peor. O si no que lo diga el propio Thomas Voeckler. Su continuo cabeceo lateral, a muchos ha permitido compararlo con un “perrito de millaré”, mientras su mirada, por momentos fija en la pantalla de su potenciómetro, también ha logrado desvelar a otros más, sin que puedan aún encontrar paz en sus espíritus. Pero cabe recordar que el potenciómetro, nos guste o no, nos incomode o no, está avalado por la Unión Ciclística Internacional, hecho que nos indica que su uso es perfectamente legal y permitido. Estableciendo una analogía con el arte de conducir, es igual que el uso que puede dársele al tacómetro de un vehículo. Sabemos que muchos conductores lo tienen en cuenta cada vez que van a hacer un cambio de velocidad con el objeto de encontrar el margen de revoluciones indicado para tal efecto; otros, por el contrario, “manejan a oído” y también les da resultado. Estos últimos emulan a los ciclistas que trabajan con base en sus “sensaciones”. Las dos formas son permitidas; unos se acomodan a la primera y otros a la segunda. En el caso particular del ciclismo, lo que verdaderamente importa es la potencia del corredor; no la manera de medirla. Por eso cabe resaltar que no todas las potencias medibles son iguales: existe la potencia absoluta, aquella que se valora más en el pedaleo en terreno llano y que tiende a ser mayor en cuanto mayor sea la talla del corredor. También existe la potencia relativa. A manera de ejemplo, podría decirse que un ciclista como Fabian Cancellara produce 480 vatios en su pedaleo, mientras Nairo Quintana “sólo” genera 420. Esto nos da a entender que Cancellara superaría fácilmente al colombiano en una etapa contrarreloj en terreno llano. No sucederá lo mismo cuesta arriba, porque allí no se valora la potencia absoluta sino la potencia relativa que no es otra cosa que la misma potencia absoluta dividida en el número de kilos que pese el corredor. En otras palabras, la potencia relativa de Fabian Cancellara sería 480/80 = 6 y, la de Nairo Quintana de 420/60 = 7. Como se ve claramente, la potencia relativa, la que se determina en el ascenso, es superior en el corredor del Movistar, razón por la cual siempre superará al ciclista suizo. Con base en lo anterior, muchos corredores, no solamente Christopher Froome, son “obsesivos” con el potenciómetro. Ellos saben que para mantener determinada velocidad deberán registrar o generar una cierta cantidad de vatios, potencia con la cual podrán superar a sus rivales. Es como quien sabe que a determinadas revoluciones (detectadas en el tacómetro) dará mayor rendimiento a su vehículo y le permitirá administrar mejor el combustible. Es una sencilla relación de costo-beneficio. Por eso ya no es tan importante mirar el rostro del rival, si viene jadeante, con la lengua afuera, descompuesta su figura sobre la bicicleta, etc. ¡No! Con sólo mirar lo que hacemos, sabremos si tenemos cómo ganar una carrera. Así de simple. Porque para eso están los avances tecnológicos. ¿Qué cara pondrían aquellos que vieron a Gino Bartalli usar los cambios de marcha Campagnolo cuando todos iban con piñón fijo? ¿Protestaron? ¿Lo denunciaron? ¿Rompieron en llanto? ¡No! Simplemente lo implementaron y listo. ¡Solucionado el problema! Dice el adagio que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. La triste era Armstrong dejó al aficionado con el infundado temor de que todo es EPO, todo es Cera, todo es irregular e ilegal. No descartamos que muchas cosas oscuras persistan en el deporte élite (no solamente en el ciclismo), pero mientras no se haya comprobado la falta al reglamento, debe acabarse ese estigma de que todos los que nos ganan han hecho trampa. Esa posición de víctimas a todo momento no le hace bien al deporte en absolutamente nada. Mientras más reconozcamos la grandeza de nuestros rivales, más podremos valorar el triunfo de los nuestros en el momento que esto ocurra. Mientras tanto no hay que ponerle tanto ají a las cosas. Es mejor dejar los estigmas abandonados a la vera del camino.