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La Nostalgia de La Vuelta. Foto imágenes Internet.




Dándole Vuelta a la 2.1

 

Por Hernán Payome Villoria

Existe entre las aficiones ciclísticas nacional y foránea gran expectativa por lo que puede significar la nueva carrera 2.1 en el calendario colombiano. Y, aunque muchos prefieren que se le llame por su nombre, es decir, Colombia, Oro y Paz, lo cierto es que dentro del común todos preguntan por cuándo, cómo y dónde será la 2.1. ¡Y así quedó bautizada!


Pero mientras todas las lentes se enfocan en la recién nacida, han quedado en el horizonte tristes miradas, perdidas en un pasado pletórico de recuerdos, acumulados en 67 años de historia de la Vuelta a Colombia que, aunque aún no recibe los santos óleos, se sumerge tristemente entre la desidia y el abandono olvidando de tajo todo lo que representó hasta hace algunos años para el pueblo colombiano.


Entre tanto, la 2.1, Colombia Oro y Paz, promete salir adelante convocando la participación de algunos corredores del World Tour, y confiando en una excelente organización. Esto, sumado a otros factores no menos importantes, hará que con el paso de los años se vaya consolidando como una de las carreras más importantes del continente americano. ¡Ojalá así sea!


Lo malo es que, del otro lado, quedará una Vuelta a Colombia rodando a su suerte, con la posibilidad de contar con la visita de equipos  extranjeros de países vecinos pero imposibilitada para ver a nuestros corredores World Tour; con un control antidopaje que ya no será realizado por la World Anti-Doping Agency (AMA) ni tendrá a la Unión Ciclística Internacional (UCI) como ente sancionatorio y fiscalizador. Será una carrera criolla, doméstica, casi de amigos, que difícilmente logrará una buena comercialización y cuya difusión será aún más precaria que la que tuvo el que fuera llamado por décadas máximo evento deportivo del país.


Y mientras quien hizo historia deja escuchar sus últimos latidos, quien nace logra despertar expectativas ante propios y extraños, pero cargando sobre sus hombros la gigantesca responsabilidad de salir adelante contra viento y marea, entendiendo que los eventos deportivos nacionales y sus líneas directrices deben, obligatoriamente, estar a la altura de los deportistas que fungen como embajadores en otras latitudes.


Ser 2.1 tiene el valor agregado de poder contar con la participación de hasta un 50% de corredores World Tour, además de equipos Procontinentales, Continentales y selecciones nacionales, incluyendo obviamente la del país organizador. Su ubicación en el calendario en el segundo mes del año podrá animar a más ciclistas y/o equipos World Tour a iniciar su temporada con moderado kilometraje y altura, lo que les permitirá dar sus primeros pedalazos antes de afrontar lo más selecto y arduo de la temporada. Para ello, indiscutiblemente, deberá contarse con una organización impecable, alejada de vicios y mañas, de protagonismos tan absurdos como ególatras y de un sabio compromiso de las empresas estatal y privada.


En nuestro Editorial del 31 de enero de 2014 (Entre la espada y la pared) pudimos prever cuál sería el final de La Vuelta a Colombia y cuál el comienzo de la 2.1. El paso de los años nos ha dado la razón. Esperemos que dentro de cuatro más, podamos dar la buena nueva de que Colombia, Oro y Paz rueda en concordancia con la situación política, económica, social y deportiva del país.