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Cuando hablamos de ciclismo, muchas veces
cometemos el involuntario error de referirnos solamente a las
competencias, a los protagonistas del espectáculo y, obviamente, a los
resultados. Y en otras ocasiones, quizás involuntariamente también,
calificamos o descalificamos la actuación del deportista con base en
nuestros criterios que no siempre coinciden con los de quien va
montado en una bicicleta. Ver una carrera de ciclistas desde un vehículo
es algo muy fácil, cómodo y emocionante. Verla a través de la
televisión o de la internet quizás resulte mucho más placentero. Y si
la observamos a través de una revista o un periódico, la comodidad será
extrema. Conclusión: ver los toros desde la barrera siempre ha sido
muy fácil, como fácil resulta observar a un ciclista que va
quedándose del lote, va “perdiendo rueda” y queremos que vuelva
conectar, quizás suponiendo que le falta voluntad para lograrlo. Lo
cierto es que, muy pocas veces, tratamos de imaginar lo que ese ser
humano va sufriendo o padeciendo.
Incluso, aún contándose con una excelente
preparación y la mejor asistencia técnico mecánica, todo puede echarse a
perder en un santiamén cuando aparece alguna de las innumerables
enemigas del ciclista: las enfermedades.
Y dentro de este inmenso mundo de las
enfermedades, hay algunas que pueden considerarse habituales en el mundo
de las carreras de ciclismo. Basta con mencionar las patologías de
carácter gastrointestinal, la forunculosis, los calambres, las
tendinitis, las mialgias agudas o crónicas usualmente relacionadas con
malas posiciones sobre la bicicleta o con sobre esfuerzos, las
infecciones respiratorias, etc. Todas ellas, enfermedades que podrían
incluso pasar desapercibidas en un individuo “común y corriente” pero
que se potencializan increíblemente en quien debe trabajar sobre una
bicicleta.
No es lo mismo un estado gripal en un empleado
de oficina quien quizás pueda ausentarse de su trabajo uno o dos días,
que una gripe en un ciclista que presenta síntomas justamente el día que
debe recorrer la etapa, por ejemplo, Ibagué-Bogotá. Y esta comparación
podría hacerse válida para las demás enfermedades.
En Revista Sólo Ciclismo no
pretendemos emular un tratado de medicina, pero sí resaltar la
importancia que significa contar con un excelente estado de salud
cuando de practicar deporte de carácter competitivo (particularmente) se
refiere. Quizás eso nos ayude a ver al deportista como el frágil
ser humano que es, y no como el extra terrestre que tiene la obligación
de ganar siempre y a quien no se le permite, siquiera, pensar en
enfermarse.
Una de esas enfermedades del ciclista que
suelen pasar desapercibidas ante el aficionado y de la cual, en
ocasiones, ni sus asistentes se enteran, es la forunculosis.
La Forunculosis se describe como una infección
de las glándulas encargadas de producir el sudor, que desembocan a
nivel de las axilas o de la ingle, pero pueden originarse en cualquier
parte del cuerpo en los folículos pilosos. De producirse infección, se
obstruye la salida del sudor y éste queda atrapado, retenido, lo que
favorece que allí se desarrolle un cultivo de bacterias. Muchas veces
logra controlarse la infección pero queda un quiste que se detecta como
una zona inflamada y dolorosa. Si se controló la infección pero el
quiste quedó allí, siendo causa de permanente dolor, particularmente al
contacto, debe extirparse en su totalidad la glándula, mediante un
procedimiento de drenaje o, en casos más avanzados, tratamiento
quirúrgico. Para evitar posibles recaídas, es aconsejable una
excelente higiene, además del uso de antibióticos tópicos.
Pero, indudablemente, antes que pensar en un
tratamiento curativo, podríamos pensar en una actitud preventiva, razón
por la cual, debemos hacer énfasis en que hay factores que de una u
otra forma facilitan la presencia de la forunculosis como, por
ejemplo, el calor y la humedad de nuestro trópico, las largas jornadas
sobre la bicicleta, los días lluviosos, una inadecuada higiene, e
incluso el material con el cual están hechos los uniformes deportivos,
especialmente las pantalonetas y la parte interna de éstas, es decir,
las badanas. Debemos entender que no todo tipo de material es
aconsejable, lo que obliga a la industria del deporte a seguir
investigando en ese tema para poder brindar al ciclista la máxima
comodidad y el menor maltrato posible al área inguinal. Incluso se habla
de badanas hechas con fibras “antibacteriales” que, muy
seguramente, ayudarán al deportista a prevenir este tipo de
patologías. De igual manera existen en el mercado cientos de
medicamentos con expresa indicación para uso tópico, que también
pueden contribuir a evitar la presencia de esta enfermedad. Teniendo
en cuenta todos y cada uno de estos factores de prevención, con
seguridad estaremos minimizando la probabilidad de sufrir una
forunculosis.
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